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María, esposa siempre presente, María Rosa, Eduardo y
Carla, hoy ya una señorita, conforman su universo personal.
Maestro de la acuarela no le escapa al óleo que también
sabe de su firme dibujo y atinados empastes.
Paisajes y marinas, con personas apenas esbozadas, lo han hecho merecedor
de múltiples distinciones entre las que no puedo dejar de mencionar
el Gran Premio de Honor del Salón Marinista del Centro NAval
(1970) y la Medalla de Oro a la Mejor Acuarela (1981).
Sus obras enaltecen numerosas colecciones públicas y privadas
en el país y el exterior, pero estas lineas están dedicadas
al ser humano integro que no ha transigido con facilismos comerciales
y aún pintando desde Tanti, Piriápolis, Siurana, Calella,
Palamós, Tarragona, Miami o el Riachuelo mantiene en alto su
espíritu insobornable.
Sea éste mi modesto homenaje en su septuagésimo cuarto
aniversario.
Buenos Aires, 10 de agosto de 2003 - Carlos Augusto Coulomb
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